Deportan a Juan Pablo Duarte

| 10 septiembre, 2015

Duarte20.jpgSANTO DOMINGO, el 10 de septiembre de 1844, fueron deportados Juan Pablo Duarte, su hermano Vicente Celestino Duarte, y su hijo Enrique Duarte, Juan Isidro Pérez, y los hermanos Félix y Montblanc Richiez.

El 10 de septiembre de 1844 la Junta Central Gubernativa dio la información de que el grupo fue expulsado del territorio nacional con destino a Hamburgo, Alemania. Sin embargo, el mismo día, Vicente Celestino Duarte y su hijo Enrique Duarte, fueron deportados a Estados Unidos. Llegaron a Nueva York el 7 de octubre de 1844.

En apuntes del momento de la salida, Juan Pablo Duarte recuerda: «Yo iba enfermo, con las calenturas que había traído de Puerto Plata. Me apoyaba para poder andar en los brazos de mi hermano Vicente y su hijo Enrique».

Con la medida, la Junta Central Gubernativa, encabezada por el General Pedro Santana culminó un conjunto de acciones de persecución política contra el patricio Duarte, sus colaboradores más cercanos y los miembros de su familia.

El día 2 de septiembre de 1844, Duarte y varios de sus compañeros trinitarios llegaron detenidos a la ciudad de Santo Domingo.

El grupo que formaban además de Duarte, Juan Isidro Pérez, Juan Evangelista Jiménez y el español Gregorio del Valle, fue transportado desde Puerto Plata, en la goleta «Separación Dominicana», capitaneada por el coronel Juan Bautista Cambiaso, quien llegó al Puerto de Santo Domingo, en horas de la noche.

Los presos fueron trasladados a la Fortaleza de la Torre del Homenaje, donde quedaron en prisión hasta el día 10 de septiembre de 1844, cuando fueron deportados.

José Gabriel García, en el tomo II de su obra «Compendio de la Historia de Santo Domingo», anota que desde la Torre del Homenaje, Duarte «presenció la farsa ridícula con que hombres apasionados, valiéndose de ignorantes esbirros, hicieron aparecer al pueblo pidiendo con furor las cabezas de los iniciadores de su independencia, y al Ejército las de los más ilustrados de sus generales, augurio fatal de la larga serie de crímenes que en nombre de entidades morales tan respetables debían realizarse en no lejano porvenir».

Duarte, había sido detenido el 27 de agosto de 1844, por una patrulla militar que lo localizó en Jamao, Puerto Plata, en la residencia de su amigo el ex oficial del Ejército francés Pedro Eduardo Dubocq.

La patrulla que apresó a Duarte, la comandaba el General Pedro Ramón Mena, quien trasladó al detenido a la Fortaleza San Felipe.

En la prisión de Puerto Plata, Duarte fue visitado por varios amigos, incluidos el Presbítero Manuel González Regalado y Muñoz, y el trinitario Juan Isidro Pérez.

Fue en la cárcel de San Felipe, en Puerto Plata, que Juan Isidro Pérez le expresó a Duarte: «Sé que vas a morir, y he venido a cumplir el sagrado juramento de dar mi vida por la tuya».

El 22 de agosto de 1844, La Junta Central Gubernativa, había declarado al patricio Duarte y a un grupo de trinitarios traidores e infieles a la patria.

En el momento que se produjo la decisión, Duarte, se encontraba escondido en Puerto Plata, luego de que fue calificado de anarquista por el general Santana.

La Junta Central Gubernativa cuando declaró a Duarte y a los trinitarios traidores a la patria, era presidida por el General Santana. La integraban los miembros Tomás Bobadilla, Manuel Jimenes, Félix Mercenario, Toribio Mañón, J. Tomás Medrano, Norberto Linares, Toribio L. Villanueva y Félix M. Marcano, secretario.

Para actuar contra los trinitarios la Junta tomó en consideración dos solicitudes: una que contenía 68 firmas de ciudadanos calificados de «notables padres de familia», y otra suscrita por 628 oficiales superiores y demás miembros del Ejército.

En la ocasión los militares santanistas expresaron: «Es absoluta necesidad que para la seguridad y tranquilidad del país, se castigara á todos los autores y cómplices de la sedición, á cuya cabeza había figurado el general Juan Pablo Duarte; y cuyo objeto fue trastornar y derrocar el Gobierno supremo establecido en virtud del manifiesto del 16 de enero, que formó las bases de la revolución». (sic)

Asimismo, consideraron que en esas circunstancias era necesario «obrar á verdad sabida, buena fé guardada, y con la suprema ley, y sin embargo de que las leyes en vigor y las de todas las naciones, habían previsto la pena de muerte en iguales casos, usando la factura paternal que la caracterizaba y por otros motivos de equidad y consideración, declaraba que los generales de brigada Juan Pablo Duarte, Ramón Mella y Francisco Sánchez, los comandantes Pedro Alejandrino Pina, Gregorio del Valle y Juan Evangelista Jiménez, el capitán José Illas y el ciudadano Juan Isidro Pérez, habían sido traidores é infieles á su patria, y como tales eran indignos de los empleos y cargos que ejercían, de los que quedaban depuestos y destituidos, ordenando que todos ellos fueran inmediatamente desterrados y extrañados á perpetuidad del país, sin que pudieran a volver a poner el pié en él, bajo la pena de muerte, que sería ejecutada en la persona del que lo hiciera, después que fuera aprehendido y se justificara la identidad de su persona, á cuyo efecto se le daba poder y facultad á cualquier autoridad civil y militar que verificara la captura». (sic)

Advertía que todo se ejecutaría «sin perjuicio de las indemnizaciones civiles que debieran al erario público ó á algunos ciudadanos particulares, por la mala inversión que hubieran tenido en sus empleos, por el abuso de poder que hubieran hecho, ó por los daños y perjuicios que hubieran causado».

El mismo día 22 de agosto, luego de ser conocida la sentencia de la Junta Central Gubernativa, fueron expulsados con destino a Inglaterra, los generales Francisco del Rosario Sánchez, y Matías Ramón Mella; así como los comandantes Pedro Alejandrino Pina y Juan José Illas.

El grupo fue embarcado en el bergantín británico «Capricornio».

Con la decisión se intensificó una política de intolerancia que culminó con la salida al exilio de Duarte, sus seguidores y su familia.

El 25 de agosto de 1844, el General Santana acusó a Juan Pablo Duarte y a sus amigos de ser «espíritus turbulentos» que violaban el orden y los principios de la República, con el propósito de sumergirla en la «división y la anarquía, forjando mentiras para fascinar a los incautos crédulos».

El 24 de julio de 1844, la Junta Central Gubernativa, presidida por el general Santana, había rechazado la decisión de los pueblos del Cibao de proclamar a Duarte, Presidente de la República.

La reacción del primer organismo de Gobierno de República Dominicana se produjo cuando una comisión encabezada por el coronel Domingo Mallol y Juan Luis Franco Bidó, le entregó el 24 de julio, la proclama aprobada en Santiago de los Caballeros, por los pueblos del Cibao, el día 19 de julio de 1844.

El día 19 de julio de 1844, el prócer Matías Ramón Mella, Jefe del Departamento de Santiago y frontera del Noroeste, envió el informe a la Junta Central Gubernativa, en el que le comunicaba de manera oficial que Juan Pablo Duarte, había sido proclamado Presidente de la República por los pueblos del Cibao.

Matías Ramón Mella, ignoraba que en la Capital el general Pedro Santana había dado un golpe el día 16 de julio que desalojó del primer organismo de Gobierno dominicano a los trinitarios que encabezaba Francisco del Rosario Sánchez.

De esa manera, los conservadores que presidía Tomás Bobadilla, retomaron el control de la Junta Central Gubernativa, que era dirigida por los trinitarios desde el día 9 de junio de 1844.

La nueva Junta rechazó el documento de Mella, y el día 24 de julio de 1844, dio a conocer un manifiesto en el que advirtió que «no reconoce ni reconocerá el nombramiento de Presidente en el General Duarte ni en ninguna otra persona, a menos que no sea hecho por el Congreso Constituyente».

Al tomar el poder, Santana desató un plan represivo contra los trinitarios, el cual culminó con la deportación de Juan Pablo Duarte, el 10 de septiembre de 1844.

 

Por Héctor Tineo N

 

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